Acerca de mi

¿Por dónde comenzar? A la hora de hablar acerca de mi puedo ser escueta, un libro abierto o la misma Biblia.

Empezaré por mi nombre: Ayleen C. Safarian, al menos ese fue el que me pusieron. Lo que más me gusta es su significado, lo cual me lleva a una idea mía de que nada es por casualidad, sino por causalidad. El origen de mi nombre es escocés, según me afirmaron unos clientes, y quiere decir Luz.

Hoy tengo casi 2 años, aunque si lo pienso mejor, quizá te diga que tengo 5 meses. Si preguntas por la edad biológica, la que me dio la vida, dependiendo de qué consideres vida, tengo 23 años. Pero el caso es que tengo 5 meses de vida.

Dos años porque, tal como habrás podido ir viendo en el menú de la página, clasificado por mis etapas de crecimiento, desarrollo y evolución, comencé creyendo. Creyendo lo que me decían y aprendiendo con respecto a lo que me decían que había que hacer por que eso es lo que está bien; y no haciendo, obviamente, lo que está mal…, ¡porque está mal!.

Como todo niño, adolescente y persona humana, me empecé a preguntar. Y es que también todos los acontecimientos en mi vida me han obligado -y se lo agradezco-, a preguntarme.

¿El qué? Los por qué. Por qué esto es así, por qué tengo que vivir esto, por qué tengo que estudiar esta gran mierda que no me gusta, por qué tengo que ser mejor que los demás, por qué tengo que conseguir la nota más alta, por qué tengo que comportarme así si en realidad siento que quiero hacer esto otro, por qué tengo que aguantar a esta persona o esta situación…

Y, quizá me quede con una infinidad de por qués más.

Poco a poco, descubrí que las respuestas a mis preguntas venían solas. Que los por qué se respondían solos, como por arte de magia… No. No fue como por arte de magia…, fue un coñazo. De lo que sí me di cuenta es que aquello que llaman rebeldía, la expresión de tus emociones tal cual se reproducen por dentro, esa era mi solución. Así que, sencillamente, partí de ahí. Aunque mi idea-concepción de rebeldía es mucho mayor, la idea-concepción de rebeldía de quienes me guiaban desde mi biológico nacimiento era totalmente diferente,  mucho menor, ligado a creencias, valores, tradiciones totalmente diferentes. Nací, simplemente, diferente. Por mi carácter y personalidad, digo.

Terminé toda esa etapa realmente pesada de estudios obligatorios, esos que te dan la clave para ser y estar. Entiéndase mi sarcasmo.

Por mi gusto por el constante análisis de los por qués, decidí entrar en la carrera de psicología, sin mayúsculas. Trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, vivía relativamente, me agobiaba, me juzgaba y, bueno, resumamos que fue una etapa no muy celestial que recoge tristeza, impotencia, amor, dureza, ansiedad, experiencia, etc. Por esto y las situaciones y circunstancias que me rodeaban, decidí volcarme en mi, volver a mi infancia, a mis pasiones; al, simplemente, no pensar.

Para ello, fui al encuentro de un curso de pastelería. Encuentro fortuito, y os digo que fue tal cual suena. Hice un curso de pastelería tradicional, me envolví en harinas, me sumí en dulces– y esto también es tal cual suena-, me reí, aprendí, viví la experiencia que quería vivir y también otras que necesitaba vivir y no viví y, por último, me excedí.

Me excedí porque no pensar está muy bien, y dejarse llevar, también; pero cuando se actúa por evitar, por huir, por necesidad…, nada bueno puede salir de ahí. Siempre había tenido una estrecha relación con los alimentos, en especial con el azúcar, y siempre me interesó lo que las emociones nos generan y cómo decidimos afrontarlas, cómo y hasta qué punto nos afectan para decidir escoger ciertos alimentos y no otros. Ya sabes, soy la niña de los por qués…

Viajé. Por toda Irlanda y algunas partes de Escocia. Y, las últimas semanas, me moría de picores. Picores vaginales. ¿Cómo era posible? ¿Por qué me picaba tanto? No era normal, no había hecho nada, sólo viajar, conocer sitios, hacer autostop, hacer fotos, reírme, llorar… Mi compañera de viaje me decía piensa que te pica el hombro; a mi una vez me picaba el dedo gordo del pie y pensé que lo que realmente me picaba era el brazo. Lo pensé tanto que al final me rasqué el brazo y se me quitó el picor del dedo gordo del pie. 

No digo que eso no funcionase…, creo y sé que la fuerza de la mente es impresionante y hace maravillas pero ese no era mi caso. Yo lo sentía, sabía que me pasaba algo; además, tenía muchos altibajos.

Cuando volví a España, empecé a trabajar como pastelera en una confitería, me mordió un gatito callejero, me pusieron la antitetánica y me dieron antibióticos porque se me puso el dedo meñique de no sé que mano como una pelota de pin pon alargada. A partir de ahí, me picaba más todavía. Y lo peor no sé si era que me picaba hasta hacerme sangre o que lo tenía cortado, como la leche cortada. Siento si esto puede herir la sensibilidad de algunas personas, pero esto es realidad, no ficción. Es vida. Y qué bien está eso dicho…

Decidí hacerme unas analíticas tras tres meses así.

Hongos. Vaya mierda, joder. ¿Yo? ¡Pero si no he hecho nada! ¿Eso no se coge por transmisión sexual o algo de eso? ¡Pero si no hice nada!.

¿Ahora entendéis por qué tengo 2 años? Comencé a despertar hace 2 años. En ese momento, todo llegó sólo. Aunque algunas cosas, definitivamente, no. Medicamentos, óvulos, cremas vaginales,  lavados vaginales, lloreras, más picores, etc. Pensaba que iba a estar así toda mi vida…

No se iban. Los p*t*s bichos esos no se iban ni para atrás. Así que empecé a leer sobre ellos: Candidiasis, cándida albicans, su reproducción, su alimento. Su alimento. La madre que las parió. O sea, yo.

Los bichos esos se alimentaban de casi todo lo que comía por entonces: azúcar refinado, hidratos de carbono simples, harinas refinadas, frutas con índice glucémico elevado, lácteos, gluten. Por Universo, pero qué… ¿Y ahora me tengo que quitar todo esto?.

Una parte de mi me decía voy a morir y otra, en cambio, me decía esto me va a venir genial, sigue adelante Ayleen. Siempre he sido muy racional. Comencé, sin dietista ni nada, por que tuve una y se lo pasaba por el forro. Para colmo, me decía que si quería ponerme en forma y ser vegetariana o vegana (mi adolescencia), no podía ser, que eso era una contradicción. Algo en mi se movió en ese momento por dentro. Decidí que resolvería ese por qué más adelante porque en este momento mi enfoque eran los p*ut*s bichos; sabía que eso no podía ser así.

Reestructuré yo sola mi dieta, mis menús, en base a un montón de información que leía y rebuscaba en Internet. Tiré de mi almacén toda la mierda y le hablé a mi vagina y a mis intestinos. En realidad le hablaba a las cándidas: vosotras no vais a ganar, voy a ganar yo. ¡Os vais a ir a tomar por culo, pero ya!. A veces hablo un poco mal…, lo sé, tengo que mejorar eso de mi, pero es que fue así, imaginaréis mi nivel de desesperación. Salí a correr, a patinar, no quise nadar por el tema del cloro, que afecta.

A los tres o cuatro meses llegó a mi vida una chica. Otra cosa fortuita. Causalidades, no casualidades; justo en el momento en que lo necesitaba. Fue en una manifestación antitaurina. Me habló de nutrición, de una chica que daba talleres de cocina y que justo, el próximo taller consistiría en un taller teórico práctico de mantenimiento de una dieta anticándida. Al pelo, lo que os he dicho.

Asistí. Genial. Ahora quiero saber más. Más de todo. ¿Por qué? Todas mis hipótesis afirmadas, ¡positivas!.

Entre medias, más medicamentos, más óvulos coñazos, más cremas pastosas que hacen que parezca que tienes silicona ahí dentro. No more. Decidí que no me echaría más cosas, no me estaban haciendo efecto. Seguí con mi dieta, con deporte. Haciendo dulces insípidos y rebuscando más información sobre lo que pudiese tomar. Deseando llegar a la fase en la que podía ir incorporando ¡batatas, zanahorias, etc.! Eso para mi era un lujo.

Mis papilas gustativas se abrieron…, casi un año sin tomar azúcar refinado, sin tomar nada artificial, todo era natural, la mayoría ecológico, dependiendo de lo que me permitiese mi bolsillo, claro. Experimenté nuevos dulces, dulces para la cándida… Qué iluminación más grande.

Un día, casi al año, me hice una analítica. La médica dijo limpia. No había rastro de esos bichos pesados y asquerosos, malolientes. Ese día fue el más feliz de mi vida. Lo había conseguido.

Ya que no las tenía, fui incorporando cada vez más alimentos muy poco a poco, a experimentar cada vez más con más ingredientes naturales que iba consiguiendo, y reestructurando mi mente, mi filosofía y mis ideas.

Ahí, en ese momento, comencé mi juventud. Y, en este momento, estoy en una etapa de transición en la que cada día aprendo más, cada día leo más, busco más bibliografía que pueda aportarme más conocimiento, conocimiento del de verdad, que me aporte vida.

Actualmente, estoy resolviendo ese por qué que dejé pendiente tras esa afirmación tan rotunda de una persona dormida y estoy acabando unos estudios en nutrición y cocina cruda al 70%, porque era lo más parecido a lo que yo había estado haciendo y del que mejor referencias recibí. Además, estoy en el camino al encuentro de otros cursos interesantes que me aporten real enseñanza y no simples papeles o etiquetados que suben y posicionan a las personas en la nube inconsistente.

Y, así sigo, aprendiendo de la experiencia que otros expresan, escuchando mi experiencia y aprendiendo de ella, sembrando todas las semillas que puedo a mi alrededor; sirviendo de guía a personas que, como yo, se preguntan el por qué; impartiendo talleres de pastelería alternativa, emprendiendo proyectos, etc. Pero, el mayor proyecto…, el mayor proyecto soy yo misma.

Creo que he explicado muy bien quién soy y qué hago. Espero que disfrutes la experiencia y puedas resolver tus por qués en este espacio. Un espacio de apertura, de renacimiento. Un espacio en el que se invierta el dulce y lo hagamos de la manera más sostenible y equilibrada posible; relacionando psicología, nutrición, la cocina, y mis reflexiones.

un abrazo,

~ Ayleen C. Safarian ❤

 

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