El peor derroche del siglo XXI

Hola a todos!!,

sentía desde hace tiempo que tenía que escribir sobre lo que leo, he leído y estoy aprendiendo sobre nutrición consciente. Muchas personas saben pero no toman una determinación con respecto a apartar ciertos alimentos que nos son perjudiciales a la larga (y por suerte, a algunos a la corta, mostrándole su cuerpo los indicios mediante alguna reacción inmunológica); otros, simplemente se limitan a conocimientos básicos y basados en creencias de hace muchos años, ignorando que la industria e incluso el gobierno pueden estar relacionados con el consumo de algo tan dañino como el azúcar refinado. Y, dentro de este último grupo, incluimos a profesores, padres, abuelos, amigos, medios de comunicación…

Os pondré el ejemplo de uno de los profesores de mi chico, que estudia en una escuela de Deporte, que les dice a sus alumnos que para la siguiente clase práctica en un gimnasio no olviden llevarse uno o un par de sobrecitos de azúcar por si les da una bajada… Y, todos, como ovejitas, asienten porque CONFÍAN en que un PROFESOR dispone de toda la enseñanza que necesitarán para su carrera y como experiencia. Es más, no es nada raro…, también en el colegio o el instituto, incluso en el médico lo he escuchado: tráete el sobrecito de azúcar a Educación Física, tómate Aquarius para una gastroenteritis, toma los sobres de color naranja en un litro de agua mientras que no comes nada. Pero, ¿qué contienen esos sobres?: EDULCORANTES QUÍMICOS que nos afectan a la larga. He decidido que hoy iba a escribir un trozo del libro que me estoy leyendo del Dr. David Perlmutter, Alimenta tu Cerebro, porque mientras lo leía se me venía a la mente todas las personas al margen de la información y sin respuestas.

Comienzo o, mejor dicho, comienza el Dr. Perlmutter…:

El peor derroche del siglo XXI

(…) El Alzheimer es una enfermedad muy costosa. El costo anual de 200 mil millones de dólares no toma en cuenta el gasto emocional que enfrentan las familias cuyas vidas se ven ensombrecidas durante mucho tiempo por esta terrible enfermedad. Según el artículo del Times, las farmacéuticas “han invertido cantidades asombrosas de dinero en el desarrollo de fármacos para tratar el Alzheimer, por ejemplo, pero estos medicamentos fracasan una y otra vez en la fase de pruebas”. Ese mismo año, el New England Journal of Medicine dio a conocer que dos posibles medicamentos para el tratamiento del Alzheimer no habían logrado aportar beneficios significativos.

A tan perturbadora información se añade otro artículo publicado en el Journal of the American Medical Association, en donde se demuestra que la memantina, fármaco actualmente aprobado para el tratamiento de Alzheimer moderado a avanzado, no sólo no era efectivo, sino que se asociaba con un mayor deterioro de la funcionalidad del paciente, comparado con un placebo.

La razón por la cual debemos moderar nuestro apoyo a dicha asociación es porque representa una “perversión de las prioridades”. Como expuse en aquel artículo, “quienes festejan hacer vínculos y gastos monetarios en apariencia honestos quizá se enfocan más en el desarrollo de un remedio mágico para tratar el Alzheimer por razones menos relacionadas con aliviar el sufrimiento y más con obtener ganancias económicas”. Sé que es decepcionante, pero creo que debe servirnos como una llamada de atención para cambiar de rumbo y explorar otras opciones.

En lugar de prestarle tanta atención e invertir tanto dinero al desarrollo de tratamientos para el Alzheimer o a cualquier padecimiento neurodegenerativo, debemos concentrarnos en enseñar a la gente a implementar métodos preventivos. Dichas estrategias preventivas están bien sustentadas por la literatura médica de alto nivel y pueden tener un impacto radical en la reducción de la incidencia de enfermedades neurodegenerativas.

Desafortunadamente, las realidades económica y mercantil son barreras muy difíciles de sobrepasar. Existen pocas o nulas oportunidades de inyectar recursos financieros a estrategias sin patente, como la alimentación y el ejercicio, las cuales, entre otros aspectos del estilo de vida, es bien sabido que juegan un papel importante tanto en la degeneración cerebral como en su contraparte: la preservación del cerebro.

Un buen ejemplo de un factor sustancial del estilo de vida es el siguiente: las mejores revistas médicas están saturadas de estudios rigurosos de alta calidad que demuestran que existe una sorprendente correlación entre los niveles altos de azúcar en sangre y el riesgo de desarrollar demencia. Como figura en un artículo de 2013 del New England Journal of Medicine, se ha demostrado que hasta las elevaciones más ligeras de los niveles de azúcar n la sangre, incluso aquellas por debajo del rango de diabetes, aumentan de forma significativa el riesgo de desarrollar demencia intratable.

El azúcar en la sangre es un reflejo directo de nuestras elecciones alimenticias; si comes demasiadas azúcares y carbohidratos refinados te costará trabajo controlar tus niveles de azúcar en la sangre.

En 2013 también se publicó un estudio en el Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry que demostraba que las personas de la tercera edad que agregaban más grasas saludables, como aceite de oliva o frutos secos mixtos, a su alimentación, preservaron mucho mejor sus funciones cognitivas en el periodo de seis años que duró el estudio que quienes llevaban una dieta baja en grasas.

Las posibles implicaciones de estudios como éste podrían revolucionar la medicina como la conocemos.

Desafortunadamente la prevención de enfermedades por métodos no invasivos y cotidianos carece del aparente heroísmo de las atrevidas intervenciones farmacéuticas.

Es tiempo de cambiar de rumbo y darle su lugar a la medicina preventiva, sobre todo si se trata de la salud de nuestro cerebro. Es lo menos que debemos hacer. 

En lugar de gastar cantidades exorbitantes de recursos para tapar el pozo después de que se ahogó el niño, quizá deberíamos empezar por impedir que cualquier niño se acerque a ese pozo.

Y el pozo metafórico se relaciona mucho con el estado del microbioma: inflamaciones y el poder subyacente que tiene en nosotros las bacterias intestinales.

– Dr. David Perlmutter

De momento, esto es todo. Creo que es una muy buena introducción y que deberíamos hacer una autocrítica sobre esto que hemos leído, informarnos al respecto y contrastar la información. Yo ya lo hice y lo sigo haciendo, además, día a día y gracias a mis cambios de hábitos, por los cuales me siento mucho mejor… Algún día explicaré mi historia y mi relación con el pozo.

Espero que lo hayáis disfrutado, porque para a mi ha sido una de las mejores entradas. Concienciar a las personas de lo real y no de lo que quieren hacernos creer con actitudes falsas y apariencia de x o y…, eso no es lo mío y nunca lo será.

El próximo día seguiremos con las inflamaciones.

Un abrazo enorme, bell@s

Ayleen C. Safarian

~Azúcar Invertido~


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